Volveré

Emigrantes

Descansando en Escocia/M.Moragues

Con los ojos llenos de lágrimas me despedía de España hace un mes, solo 30 días. Mi último momento en mi querida tierra fue triste pero a su vez emocionante, dos amigos me daban una sorpresa y me esperaban en el aeropuerto. Gracias, Sergio y Bea. Ellos consiguieron que ese momento tan triste, como lo es despedirse de tu padre y tu hermana, fuera por lo menos agridulce.
Una mano, llamada Andrés, me guiaba hacia los controles policiales y mi familia me despedía con un hasta pronto. Qué difícil es decir adiós a tu tierra y a tus seres queridos. No era la primera vez, ya he estado fuera,  en Argentina. Pero la situación era diferente, hace dos años me iba a estudiar sola y la despedida fue un mar de lágrimas. Ahora me iba acompañada, con mi pareja, y a trabajar. Pero decir adiós es igual de complicado.
Llegó el momento, ése que tanto temía. Instante en el que debía hablar ese odioso idioma que tanto se me resistía. Conocí a mi nueva familia y lo primero que dije fue: “encantada”. ¡Pam! Primera en la frente. De esta calaña os puedo contar millones de historietas.
Cuando la gente me hablaba mi cara era de asombro, no articulaba palabra. Simplemente no entendía nada, menos mal que Andrés era mi traductor. Con el paso de los días, el número de caras de asombro se ha ido reduciendo, en ocasiones intento disimularlas. Pero en estos 30 días he aprendido y mucho. Y si no sé alguna palabra, me la invento. Coleta en inglés para mí era “colet” (risas).
Así ha sido mi primer mes, muchas risas, asombro y añoranza. Sigo pensando que he dejado mi tierra, mi familia y mis amigos, por vivir una experiencia que vale la pena. Pero pesan los días, echo de menos mi anterior vida.
Cuando me fui de España pensé que era un viaje con billete de ida y con muchos de vuelta, pero ninguno era de vuelta definitiva. Ahora sé que me he ido pero volveré, no sé cuando, posiblemente cuando mis pilas estén tan cargadas como para comerme el mundo. O tal vez, cuando esas pilas alcalinas ya no tengan más fuerzas para echar hacia delante. Pero tened por seguro que algún día volveré. Esperadme, yo lo haría.
Es duro. Mi sobrino pequeño ha aprendido a caminar y yo todavía no lo he podido ver en persona. Mi sobrino mayor ve pasar un avión y cree que todavía estoy subida en uno de ellos. Siempre que habla conmigo, me pregunta cuándo voy a bajar del avión. Es duro pensar que estás perdiendo parte de la vida de esas personitas tan pequeñas. Y todavía debes aguantar que Rajoy o su panda de ministros digan que tenemos espíritu aventurero. Manda narices. Seguro que ninguno de ellos podría soportarlo. Cobrar miseria, trabajar millones de horas y como suplemento estar a cientos de kilómetros de tu familia. No les creo, ellos no saben lo duro que es esto, pero lo suponen. Su concepto “espíritu aventurero” no es más que otra de sus mentiras.
Volveré

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