Solo prométete a ti mismo que jamás te decepcionarás

Existen 3 tipos de personas en la humanidad: los que prometen por encima de sus posibilidades, los que juran sin conocer su significado y aquellos que dan su palabra de hombre o mujer.

Los primeros me recuerdan a  mi infancia cuando prometía mi amistad a los compañeros del colegio, sin saber qué me iba a deparar la vida.

Los segundos son aquellos que  para cubrirse las espaldas son capaces de jurar hasta por un ser divino para que los crean.

Y por último, los que dan su palabra poniendo en duda su honorabilidad.

Todos ellos son admirables si cumplen sus propias promesas pero ¿y si no? Los últimos son los más deplorables, aquellos que jamás merecerán el respeto de una sociedad y por supuesto, la mía tampoco. Pusieron en duda su honorabilidad para hacer creer al tercero que su palabra tenía valor. Pero las palabras se las lleva el viento y con ellas el respeto.

Por ello, promete y jura muy poco, da tu palabra cuando la vayas a cumplir y sino no lo hagas. Decepcionarás a quien creyó en ti y volver a ganar su confianza será técnicamente imposible.

Solo prométete a ti mismo que jamás te decepcionarás.

Solo prométete a ti mismo que jamás te decepcionarás